Articulos y Crónicas

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The Blaze Factor

Mucho tiempo ha pasado desde que Iron Maiden publicara el adorado y a la vez odiado “The X factor” en 1995; un disco que creó una fuerte división de opiniones acerca de la validez y la vigencia compositiva de la banda. En una época de grandes tormentas de cambio, no solo en el seno de la banda sino también en el del Heavy metal y el rock en general, se gestó un álbum que fue espejo de los caminos tortuosos y difíciles por los que pasaba el grupo; y muy concretamente su cabeza visible, Steve Harris. Pero pongámonos en situación y recordemos los precedentes:

En 1993, Bruce Dickinson deja la banda después de prácticamente once años de estar a la cabeza del buque junto a Steve Harris, por cuestiones musicales, de afinidad, por ambición propia y porque las relaciones se habían deteriorado… principalmente con Harris. Detrás, una colección de álbumes exitosos y giras apabullantes alrededor del mundo, que dejaba un hueco con un peso duro de llevar para el que fuera el nuevo cantante. A todo esto, Harris no pasaba su mejor época ya que por aquel entonces estaba en proceso de divorcio con su antigua esposa Lorraine, siendo un punto de inflexión en su vida y todo lo que rodeaba a ella, incluido Maiden por supuesto. Aunque nunca dio atisbos de debilidad y desidia, y siempre apostó por la continuidad de la banda con o sin Dickinson. El mismo Harris reconoció que fueron momentos difíciles, y que su divorcio, y el hecho que el cantante de aquella poderosa maquinaria que era y es Iron maiden se marchara, le puso en un estado de indecisión y duda; tanto así que por unas pocas horas Iron Maiden estuvo acabado en su mente. Se cuenta que en una de esas reuniones post era Dickinson de la banda, fue el propio Dave Murray quién puso las cartas sobre la mesa y alentó a sus compañeros a seguir, ya que según él la banda no podía acabarse por el mero hecho de que uno de sus integrantes se fuera, y que aún quedaban cuatro músicos con muchas ganas de seguir tocando.

Pasados esos momentos de inflexión, se pusieron manos a la obra para conseguir al que fuese sustituto de Dickinson. Se dice que a las oficinas de Sanctuary Group llegaron centenares de cintas demo con posibles candidatos a cantante; de hecho, entre los nombres conocidos estuvieron Doogie White y André Matos de la banda Angra. Pero entre bambalinas era casi un secreto a voces que el llamado a cubrir esa vacante era un tal Blaze Bayley, cantante por aquel entonces de la banda Wolfsbane, y que tenía una buena amistad con los miembros de la banda, especialmente con Harris. Encima ya habían compartido escenario, ya que Wolfsbane fueron teloneros de Maiden en su gira inglesa Intercity Express Tour de 1990, promocionando “No prayer for the dying”. Esto y el factor de que Bayley era inglés, amante del fútbol y la cerveza, elocuente, bien manejado con las audiencias y que tuvo de su lado la confianza de Harris, fue suficiente para que a finales de 1993 le anunciaran como el sucesor de Dickinson.

Así pues, el plan para el nuevo año 1994 era la composición y grabación de lo que sería su nuevo álbum. Pero parece que los incidentes y las trabas no dejaban de producirse: Blaze tuvo un accidente con su moto que le mantuvo apartado casi un año de toda actividad, incluida una pequeña gira warm up que tenían pensado hacer ese mismo año como introducción para los fans. Después del retraso que sufrió la grabación del disco, el grupo entra en Barnyard Studios, el estudio de grabación que Harris tenía por aquel entonces en su casa de Essex. El 26 de septiembre se publica como adelanto el single “Man on the edge”, y es finalmente el 02 de octubre de 1995 cuando sale a la luz para todo el mundo “The X Factor”. Iron Maiden estaban en el punto de mira, no solo de los fans sino también de toda la escena musical heavy y rockera. No era para menos, era el nuevo disco de Maiden con su nuevo cantante. A todo esto, el panorama musical ya no era el mismo que cuando Iron Maiden arrasaban el mundo en la década de los 80. El negocio había virado hacia otros estilos de metal, y el entonces llamado Nu metal y otros géneros alternativos y extremos empezaban a copar portadas de revistas y emisoras de radio. No eran los mejores tiempos para el heavy de corte más clásico.

Con portada de Hugh Syme, quien había trabajado anteriormente con bandas como Rush y Megadeth, la nueva tapa del disco era un Eddie macabro; medio lobotomizado, medio descarnado. El concepto general del arte del disco distaba de lo que Maiden nos tenían acostumbrados con Derek Riggs y sus ilustraciones más del estilo cómic. Esta vez era una maqueta que imprimía un mayor realismo a Eddie, como si fuese un ente o zombie de carne y hueso. Tanto fue el realismo de la portada que tuvieron que hacer una alternativa en el mismo folleto del CD, con Eddie en una silla eléctrica y sin estar en primer plano, ya que tuvieron algunos problemas e incidencias en algunos países para la promoción del álbum. Desde luego, Iron Maiden querían romper con la línea que estuvieron siguiendo; hacer algo diferente y tejer otra línea de expresión: primero con la portada, el arte del disco y su promoción. Luego con su música…

La temática general de “The X factor”, tanto en las líricas como en la música, tiene un matiz sombrío con respecto a anteriores álbumes que se mueven entre la literatura, la ficción, los hechos históricos, las gestas bélicas… con ese toque positivo y ufano en algunas de sus letras. Esta diferencia se hace sobre todo patente con los dos discos anteriores. Este nuevo álbum nos muestra un tratamiento de las letras aún más profundo, cuestionando la condición humana y el sentido de la vida, y haciendo una introspección minuciosa por los rincones y esquinas del psique humano. Hay una constante, que es la búsqueda del porqué del daño en el Mundo, de lo ético y lo moral, del sentido de la vida y las secuelas psicológicas de las guerras. La pregunta “por qué y para que estamos en este Mundo” se hace insistente en varios de sus cortes. Si Maiden quería hacer algo diferente con este disco, nada mejor que empezar con un tema compuesto por Harris de poco más de once minutos. Unos cantos gregorianos, profundos y cavernosos en su introducción, nos muestran las credenciales de un álbum que poco tenía que ver con los años dorados de la banda. La naturaleza del mismo nos invita al cuestionamiento, y a la reflexión. No sería un disco fácil de digerir…

“Sign of the cross” tiene cierto nexo con la novela de Umberto Eco “El Nombre de la Rosa” (1980), y los entresijos en una orden religiosa del siglo XIV; también se dice que en él se desarrolla el tema de la inquisición… Sea como fuere, contiene una entrada majestuosa, seguida de una retahíla de cambios musicales y grandes coros, con una parte central instrumental que denota la fuerza de la lírica, y el dramatismo de cada una de las estrofas de su letra. Y como a veces suele ocurrir, es de esos temas infravalorados y olvidados en la discografía de Maiden, que tuvo su punto álgido en la magnífica performance para el doble directo y vídeo “Rock in Rio”.

Hay una cosa clara en la creación de este disco producido por Steve Harris y Nigel Green, quien estuvo presente como ingeniero en la grabación de “The number of the beast”, y es que tiene una producción limpia y cuidada. Los espacios entre instrumentos se abren y dejan aflorar una base rítmica de bajo y batería marcada, consistente y sólida. Puede que demasiado, ya que las guitarras quedan en cierto modo relegadas al fondo, y pierden ese gancho electrizante al cual Maiden nos tenía acostumbrados. Pero como he dicho antes, la banda quería o tenía la intención de dar una vuelta de tuerca… William Golding y su novela de 1954 “Lord of the flies” fueron inspiración para la letra del siguiente corte. Compuesto por Harris y Gers, es un tema de corta duración con una estructura sencilla. La letra ensalza el carácter y la fuerza interior de las personas en momentos de necesidad, y ese natural instinto animal y de supervivencia que poseen. “Lord of the flies” fue el segundo single del álbum, y fue editado el 02 de febrero de 1996. El tercer tema “Man on the edge” es el más rápido del disco; un disco que contiene medios tempos en buena parte de sus composiciones. Está basado en la película “Falling down” (1992, “Un día de furia” en España), que trata sobre la hostilidad vertiginosa que produce el modus vivendi en las grandes urbes modernas, y el fracaso y la frustración en el que se sume su principal protagonista. “Man on the edge” tiene ese punto rápido y vertiginoso que caracteriza a composiciones como “Be quick or be dead” o “Moonchild”, el cual funcionó muy bien en directo. Los solos de Gers y Murray le imprimen un dinamismo que va en perfecta concordancia con lo que quieren expresar letra y música. Es de los temas más recordados y que más calaron de la era Bayley, que lo compuso junto a Gers. A partir de aquí, empieza un puñado de cortes con introducciones lentas y medios tempos que marca la tónica general del álbum, y que tiene su continuidad con “Fortunes of war”. Un preámbulo melancólico da paso a un solo de Murray. Así, hasta un típico cambio de velocidad al cual Maiden nos tiene tan acostumbrados. El trasfondo del argumento es la angustia que siente un soldado al regresar a casa, después de haber luchado en una guerra. Las pesadillas y las obsesiones se vuelven perennes, y su lucha interna contra todo lo vivido en aquel conflicto se torna en un constante cuestionamiento.

“Look for the truth” es otra canción introspectiva que comienza de forma lenta, y rompe en un cambio muy heavy, con un Blaze cantando con firmeza y nervio la necesidad de liberarse de los fantasmas y miedos del pasado, y así enfrentarse a su cita con la verdad. La soledad del protagonista, y ese pasado que le atormenta, se representa en la frialdad que evoca el habitáculo de su alma y su mente, como una espada envenenada que le atraviesa. Una composición muy íntima del terceto Bayley, Gers, Harris. Para “The aftermath”, Harris, Bayley y Gers hacen un nexo con la temática bélica y psicológica de “Fortunes of war”. La trama persiste en el cuestionamiento de las guerras, y el porqué de su finalidad. La ética del vencedor y el vencido se diluyen en el dolor físico y psicológico que dejan detrás de sí los conflictos. El personaje, el soldado, nos habla in situ desde el campo de batalla, como un cronista de los horrores que en él se viven, y nos invita a plantear la duda acerca del mérito de estar en el frente; siente que al final, después de todo, nadie gana, como el fracaso de un horror que pudo ser evitado. Un gran solo de Murray irrumpe hacia el último estribillo.

Si hay algo que caracteriza a “The X Factor” es su recalcado matiz sombrío y reflexivo, algo que se puede apreciar en varias de sus letras. Además, el álbum marcó el comienzo de una nueva vía u orientación musical que se añadiría al estilo de la banda, y que sería en cierta forma, en cuanto a estructuras y secuencias, la base para algunos de los temas que vendrían a partir de la década del 2000: introducciones lentas y ambientales, desarrollos instrumentales largos, medios tiempos más marcados, outros a modo de epílogos, fraseos a dos guitarras que toman una mayor preponderancia en la melodía principal, y un mayor protagonismo de los teclados en cuanto a arreglos o como “colchón musical”. Como dijimos, Harris pasaba por una época difícil y confusa. Y eso se vio reflejado claramente en sus textos; de hecho, Harris dijo en alguna oportunidad que hacer “The X Factor” fue como una especie de terapia para él. Una forma de liberarse de todo aquello que le afligía. No por nada, Steve considera este disco como uno de sus preferidos de entre toda la discografía de Maiden. Y no es para menos, hizo del disco algo íntimo y personal, que le dio cabida para escribir temas como el que sigue…

“Judgement of heaven” es un tema en el que Harris se desnuda completamente. Con una narrativa cruda y juiciosa acerca del significado de la vida, en su letra, de tono afligido y casi depresivo, el personaje plantea su existencia y todo en lo que alguna vez creía. Incluso sugiere la posibilidad del suicidio como salida a ese estado de languidez, pero finalmente admite su ínfima capacidad de aferrarse a la vida. Para ello, recurre a la divinidad buscando respuestas y así enfrentar a su destino, y poder recuperar su identidad y sus creencias. Curiosamente, la canción tiene una cierta aura musical optimista, con un riff de guitarra muy marcado, que hace contraste con el argumento depresivo de la letra. Hay un solo de Murray muy corto, pero que entra como un haz de luz hacia un fraseo a doble guitarra que se extiende hasta el último estribillo, cuya melodía te engancha desde el primer momento.

Para “Blood on the world’s hands”, Harris se muestra especialmente crítico, y medita nuevamente acerca de las miserias de la sociedad y la indiferencia de las personas hacia los horrores que ocurren en el mundo, las cuales viven una vida apacible en su mundo occidental. Otra vez persiste la cuestión de la guerra como eje principal de la trama, inspirándose en un tema de actualidad en aquel momento como la Guerra de Los Balcanes. En la letra, Steve expresa la impotencia que siente al ver en los medios de información tanta injusticia y dolor, y el hecho plausible de que no estamos tan seguros: el horror puede venir a tocar nuestras puertas. La introducción en forma de solo de bajo, es premonitorio del dramatismo lírico y musical por el que discurre la canción. “Sangre en las manos del mundo” implora Bayley con voz firme, mientras unos teclados le dan ese punto trágico a la composición.

Harris, Bayley y Gers, vuelven nuevamente con otro tema, “The edge of darkness”, inspirado en la película “Apocalypse Now” (1979) de Francis Ford Coppola. La historia transcurre en la Guerra de Vietnam, y recurre otra vez a las vivencias de un personaje que vive in situ no solo el contexto de un conflicto, sino también los avatares de su viaje por la jungla, a través del curso de un río. La letra plasma algunos diálogos de la película, que está basada a su vez en la novela de Joseph Conrad “Heart of Darkness” (1899), y muestra los horrores y sinsentidos de la guerra. La canción empieza con el sonido de unos helicópteros, con cierto parecido a la película, mientras una introducción cadenciosa crea un aura melancólica, que estalla de forma contundente para luego proyectarse en una cabalgada musical marca Harris. Un solo de Janick y Murray da paso a un doble punteo de guitarra que es de los mejores del disco. “The edge of darkness” fue un tema que dio bastante juego en directo, y posiblemente sea de los más redondos que se compusieron en aquel período.

El penúltimo tema del álbum tiene un vínculo bastante acusado con “Judgement of heaven”, y es la obsesiva y reiterada reflexión acerca del sentido de la vida. En “2 A.M.”, la letra muestra un sentido de desasosiego e inconformidad del individuo hacia su propia monotonía vital, y la trivialidad de su entorno. Sentado, en el silencio de la noche, el protagonista replantea su vida, y lanza preguntas buscando respuestas en cada rincón de su habitación. Otro tema de Bayley, Gers y Harris, que trasmite ese sentido incierto y opaco como tónica general del álbum; además, junto a “Judgment of heaven”, son de los dos temas que más acusan un cariz autobiográfico. “2 A.M.”, sin ser de las canciones más recordadas de “The X Factor”, posee uno de los solos de guitarra más preciosos de todo el disco.

Y así, llegamos al cierre del álbum con “The unbeliever”. Harris repite en las líricas el ciclo de la introspección que tanto aduce en el disco, acusando una falta de autoestima y fe en sí mismo para encarar su vida. Hay una constante retirada, que impide a “el incrédulo” acudir a su encuentro con la verdad. El sentido espiritual emerge en un intento de entender ese vacío. “The X Factor” no fue un disco fácil; ni lo es ahora. Cuando fue publicado, el mundo viraba hacia otros modos musicales. Los seguidores más acérrimos y ortodoxos de Maiden y del heavy en general, que vivieron aquella época de esplendor de la década de los 80, no entendieron un álbum como este. Y más aún, no entendieron a un vocalista como Bayley cantar temas oscuros y cuasi depresivos, con una producción alejada del brillo de los 80. Por otro lado, probablemente los fans que crecieron escuchando a Maiden en los 90, son los que se acercaron con más apertura y afinidad a un disco introvertido y de carácter reflexivo; puede que hasta hosco en algunos de sus planteamientos…

Es un hecho que la voz de Blaze cazó con la propuesta musical de “The X Factor”. Una voz menos brillosa que la de Dickinson y más áspera, es lo que demandaban temas como “Look for the truth” o “Blood on the world’s hands”. Además, Bayley participó en el proceso compositivo del álbum, y eso, para bien o para mal, le imprimió de una nueva personalidad a la banda, al menos en cuanto a las composiciones se refiere.

No es menos cierto que Bayley, aunque pudo poner todo su empeño, venía de otro tipo de estilo. Con Wolfsbane, se movía entre el hard rock y el heavy inglés, muy cercano a lo que hacían bandas como The Almighty en ese momento. Incluso se solía comentar el cierto parecido de su voz con la de David Lee Roth. Su modo de cantar era desenfadado y más rasgado si se podría decir, alejado de las connotaciones épicas y líricas de Maiden, donde tuvo que moverse en otras tesituras musicales, sobre todo a la hora de encarar los temas clásicos. Al adaptarse al estilo de Maiden, también adoptó ciertas formas de expresión como el vibrato en la voz, un efecto musical conexo al estilo de Dickinson. Pero el problema real no vino con el disco de estudio, sino con su rendimiento encima del escenario… Bayley simplemente no podía con los temas clásicos de Maiden, desafinaba, y eso es algo que acusó mucho en su rendimiento vocal, dado el esfuerzo al que se sometía al poder siquiera tratar de llegar a las notas. Si bien es cierto que le puso todas las ganas y se ganó a los fans por su entrega, cercanía y humildad, era evidente que no estaba a la altura de una banda con el legado de Maiden. Aparte, Blaze venía de una banda de clubes y de mediano o pequeño aforo. Y aunque Iron Maiden no llenaba en esa época tanto como en sus años precedentes o como hoy en día, ponerse delante de medianos o grandes aforos cada noche, y arengar a un público fiel y tradicional como Maiden, no era ni de lejos lo mismo que con Wolfsbane, y más aun sabiendo quien había ocupado antes ese lugar. Aun así, y con todo, la banda dio buenos conciertos en aquella gira The X Factour 1995/96, muchos de ellos con gran energía como atestiguan las crónicas de la época.

“The X Factor” tuvo una buena cosecha en cuanto a caras B de singles. “Judgement day”, “I live my way” y “Justice of the peace” formaron parte del single “Man on the edge”, que consta de dos partes en CD y un picture disc en sus formatos. Temas que por cierto tienen una buena calidad y perfectamente podrían haber estado en el álbum. “Lord of the flies” trajo consigo dos versiones clásicas: “My generation” de The Who, y el clásico de clásicos dentro del mundo Maiden “Doctor, doctor” de Ufo. El 02 de septiembre de 1996 se publica “Virus”, un single que acompañaba a la publicación del recopilatorio “Best of the Beast”. Nuevamente editado en dos partes, el primer CD traía una versión corta del tema, más las mismas versiones de The Who y Ufo del single de “Lord of the flies”. Y el segundo CD, la versión completa de “Virus”, más las versiones de “Sanctuary” y “Wrathchild” que salieron en el recopilatorio “Metal for muthas” de 1980. También hubo una versión LP, que incluía las versiones de “Prowler” e “Invasion”, tomadas de su demo “The soundhouse tapes” de 1979.

Debo reconocer que cuando salió “The X Factor” lo cogí con bastante brío. De hecho, en aquella época no había otra forma de informarte sobre los nuevos lanzamientos que en algunas revistas musicales o en los muy contados programas de radio. A veces ni eso. Fue encontrarme la cinta de cara y llevármela conmigo. Ni que decir que se abría un nuevo mundo para mí. Y asiento que defendí el disco entre gente que lo menospreciaba, incluso diciendo que Iron Maiden estaban acabados… ¡ja! Es un disco nada fácil de escuchar, y objetivamente, con el paso del tiempo comprendí que para un seguidor que ha vivido toda aquella época de esplendor musical de la banda en los 80, le resulte complicado penetrar en las entrañas de un disco como “The X Factor”. Incluso entiendo que no guste nada. Con perspectiva musical, el álbum tiene dos o tres temas realmente para el directo. Los demás son un ejercicio de introspección, de afinidad del primer momento. O te gusta o no te gusta. Otro “factor” a tomar en cuenta es que para poder entenderlo mejor hace falta tomarse su tiempo, y entablar una relación música y letra en cada momento, y así poder captar ese aura especial que hace del álbum un punto y aparte dentro de la vasta discografía de Maiden. Creo que allí reside el factor X.

Redacción:
Mariano López Ponce
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27 ANIVERSARIO "NO PRAYER FOR THE DYING" (1990)

Nadie duda de que “World Slavery Tour” fue la gira que colocó definitivamente a Iron Maiden en el pódium de las bandas más importantes del metal a mediados de los 80 del siglo pasado, ni de que “Seventh Tour of a Seventh Tour” les consagró como uno de los más grandes grupos de todos los tiempos. “The Number of the Beast” les había situado en el mapa internacional, pero no sucedió hasta la promoción de “Powerslave” que la relevancia internacional de la Doncella se hizo patente y manifiesta. Sus discos emanaban una calidad indiscutible y ofrecían algo diferente que los demás no proponían. No obstante, creo que el éxito llegó más por el empeño de los muchachos de Harris en ofrecer unos directos sensacionales que por la mera promoción de obras talentosas. Los discos editados y las giras realizadas entre 1984 y 1988, 4 años que culminaron con Maiden como cabezas de cartel del entonces más prestigioso festival de Donington Park (antes Monsters of Rock, hoy Download), concedieron a Iron Maiden el estatus de grandes del heavy metal, con mayúsculas y apenas sin concesiones. Tres giras que sometieron a millones de fans en todo el mundo, y tres discos que contribuyeron al asentamiento del heavy metal como estilo musical dentro del rock y que constituyeron una evolución novedosa dentro del género, siendo el germen para que otras bandas cambiasen el panorama del metal en la segunda mitad de la década de los 80. Con este contexto previo, la publicación de “No prayer for the dying” el 1 de octubre de 1990 dejó a muchos fans en una situación de cierta confusión, incluso de clara decepción.

Recuerdo las noticias previas a la publicación del disco, hace ya la friolera de 27 años; pensad que a mediados de 1990 no existía internet, y prácticamente toda la información que teníamos de las bandas de rock duro y heavy metal provenía de medios más o menos especializados y a cuentagotas, como poco de mes en mes. Como antecedentes a la edición de “No prayer for the dying” fuimos testigos de la aparición de “Tattoed Millionaire” (8 de mayo de 1990), primer disco en solitario de Bruce Dickinson, que alimentó toda clase de rumores, si bien desde el primer momento el cantante había asegurado que se trataba de un divertimento, una vía de escape para su creación musical, y que nada tenía que ver con Maiden ni con abandonar a la Doncella. Poco tiempo después recibimos con sorpresa y conmoción la salida de la banda de Adrian Smith; supuestamente el guitarrista no se encontraba cómodo en la banda y no podía dar lo que Steve Harris le pedía. Adrian necesitaba también, al igual que Bruce, dar salida a otras inquietudes musicales, y no parecía que Maiden colmase por entonces sus aspiraciones; años después supimos que el cansancio acumulado en las giras y la dirección musical por la que se optó para “No prayer for the dying” fueron las verdaderas razones para que el guitarrista dejase el grupo. De forma casi inmediata Janick Gers, que había participado en la grabación de “Tattoed Millionaire” y en la gira de su promoción, se incorporaba a la formación de la Doncella. Pese al evidente vacío que dejaba Smith, todo lo que emanaba de la banda por entonces eran elogios hacia Gers y mensajes que abundaban en lo bien que se sentían en los ensayos, lo extraordinario del acoplamiento entre Dave Murray y Gers, y lo positivas que serían luego las sesiones de estudio, puesto que los temas que conformarían el disco estaban ya compuestos y arreglados cuando Smith abandonó el barco. Nuevamente, como había ocurrido en el pasado con la marcha de otros miembros carismáticos como Paul Di'Anno o Clive Burr, la maquinaria Maiden se mostraba implacable para con los cambios en su formación, independientemente del peso que tuviese el músico en cuestión.

El contexto era incierto, algo convulso, pero que la banda continuase su camino como si nada hubiese pasado daba a los fans tranquilidad, máxime cuando las primeras declaraciones de Harris sobre el nuevo disco hacían mención a la vuelta a sus raíces, a canciones menos complejas, algunas de las cuales podían haber estado incluidas en “Piece of mind”. Irremediablemente me sentí pletórico cuando leí por primera vez las palabras de Steve sobre la nueva obra... ¿No iba a ser glorioso un nuevo disco de Maiden que nos sacudiese con una mezcla de estilos, con una continuación de “Seventh son of a seventh son” aderezada de viejos matices de “Iron Maiden” y Killers, y con una vuelta a las estructuras imponentes de “Piece of mind”? Harris decidió que el álbum se grabase en su casa de campo en Essex, utilizando el Rolling Stone Mobile, un estudio móvil creado en su día para la grabación de discos de The Rolling Stones, pero que acabaría siendo usado por otras grandes bandas de rock británicas como Deep Purple, The Who, The Faces o Led Zeppelin entre otras. Nunca me quedó claro si esta decisión fue tomada para abstraer a la banda en un entorno tranquilo y familiar, procurando así un ambiente relajado para la grabación, o bien, como dicen algunas fuentes, no había fechas disponibles en los estudios que Maiden deseaban y se optó finalmente por la casa de Harris para no demorar más las sesiones de estudio. De lo que no cabe ni una pequeña duda es de que esta situación puso a prueba toda la habilidad profesional y personal de Martin Birch para producir un disco en un entorno tan poco adecuado y con un soporte técnico casi obsoleto.

El 10 de septiembre de 1990 se publicó el primer adelanto del álbum, “Holy smoke”. Mi primera impresión fue algo confusa; en un principio tuve la sensación de que habían buscado un single al estilo de “Can I play with madness”, algo radiable, juguetón, con melodía reconocible y comercial. Pero tras degustarlo varias veces arraigó en mí cierto estado de decepción. La producción era sensiblemente distinta a los discos predecesores, más cruda sí, pero impropia de una banda como Iron Maiden con el estatus que habían alcanzado y tenían que defender. En cualquier caso, “Holy smoke” es un corte resultón, con un videoclip desenfadado, tanto que da la sensación de que no hubo demasiado trabajo ni esfuerzo para grabarlo. Presenta en sociedad a Janick Gers, que nos deja un solo efectivo pero que adelantaba un estilo sucio del guitarrista, como así acabó por instalarse en los álbunes siguientes, y que sólo se mitigó para “The Book of Souls”. Los medios y el público en general recibieron bien el single, llegando al número 3 de los charts británicos, aunque algunos hicieron notar que el estilo vocal de Bruce, rasgado y rabioso, supuestamente no tenía demasiado lugar en Maiden. Esta crítica siempre me pareció fuera de lugar, y todavía hoy leo cosas en este sentido. Bajo mi punto de vista, evidencia que muchos de los “críticos” o fans que escribían y escriben sobre Maiden realmente no han escuchado a la Doncella con la suficiente atención; baste revisar “22 Acacia Avenue”, “Powerslave” o “The evil that men do” para comprobar que Dickinson ya había usado esa voz rasgada antes. “Holy smoke” adolece, pese a su dinamismo, de una estructura demasiado rígida, con poca fluidez, lo que indica falta de acierto en los arreglos, algo que con seguridad se debió a la ausencia de Adrian Smith; esa falta de fluidez será norma en todo el disco. El sencillo “Holy smoke” se publicó en formato vinilo (7” y 12”) así como en CD. Como caras B la banda hizo constar una versión de “All in your mind”, de Stray, y una versión de “Kill me ce soir”, de Golden Earring.

Por fin, el 1 de octubre, salió a la venta “No prayer for the dying”. Aún rememoro aquellas primeras escuchas recién iniciada mi etapa vital de universitario, y con qué avidez me hice con el disco y corrí al piso compartido para pincharlo. El diseño que Riggs trabajó para la portada no fue de los mejores, mostrando a Eddie saliendo de una tumba y agarrando a un hombre por el cuello, hombre que con el tiempo se supo que era Jimmy Swaggart, predicador evangelista radical y homofóbico, que había usado la imagen de Steve Harris para decir de él que era el mismísimo Lucifer, y que Iron Maiden eran una banda satánica. En posteriores reediciones la figura de Swaggart fue eliminada del diseño.

Ya en el ámbito musical, el primer corte, “Tailgunner”, se inicia al puro estilo Maiden, pero menos agresivo que otros comienzos como “Moonchild” o “Aces high”. En líneas generales es un buen tema, pero para mí tiene una pega, y no menor: el puente hacia los solos de guitarra, que suena forzado y sin ideas, restando efectividad. Tras una apertura que deja bastante buen sabor de boca, el álbum continúa con “Holy smoke”, primer sencillo, para seguir con la canción homónima al disco. “No prayer for the dying” presenta una estructura parecida a “Remember tomorrow”, con un arranque lento que gana velocidad y dureza en un desarrollo instrumental que sustituye a un estribillo cantado; vuelve la melodía inicial y se produce otro desarrollo instrumental potente que desemboca en los solos de guitarra. El tema tiene buena intención, cae bien, pero la parte de los solos y su desenlace hacia unos versos cantados por Bruce de forma trágicamente suplicante vuelve a mostrar sensación de piñón fijo y falta de ideas a la hora de los arreglos. “Public Enema Nº1” es un cambio de tercio muy interesante. Compuesta por Murray y Dickinson, la canción se sale de los esquemas habituales de composición de la banda y nos muestra a unos Maiden más modernos que podían moverse fácilmente hibridando hard rock y metal clásico. El solo de Murray es de los mejores que habrá grabado Davey en toda su carrera con la Doncella hasta hoy, certificando uno de los cortes más sobresalientes de todo el álbum. Tras el torbellino de “Public Enema Nº1” nos topamos con “Fates warning”, un tema en mi opinión subestimado, y que creo que está entre los 2 ó 3 mejores cortes del disco. Es un tema típico de Maiden en el que encontramos a un Bruce pletórico y que explota todo su potencial, un estribillo ganador, y unas guitarras dobladas que se comenzaban a echar de menos. Lástima que esta canción nunca fuese tocada en directo.

En el ecuador del álbum aparece “The Assassin”; para mí es un corte que si no lo hubiesen grabado nunca no se hubiese perdido nada. Arranca con una instrumentación progresiva, para seguir con unas estrofas lentas que nos conducen a un estribillo falto de chispa y casi infantil. “Run silent run deep” es la expresión máxima en este disco de cómo componer una buena canción pero destrozarla en su resultado final por no haber tenido más chispa en los arreglos. El inicio es inquietante, dando la sensación de que, efectivamente, viajas dentro de un submarino por las profundidades del mar; siempre me ha parecido muy loable la capacidad que Iron Maiden han tenido todos estos años para ambientar instrumentalmente las temáticas de sus canciones. Pero cuando comienza la estrofa se evidencia una clara falta de imaginación para componer riffs más adecuados al desarrollo de la canción. Bajo mi punto de vista, sólo el estribillo y las guitarras dobladas que siguen al solo de Murray salvan del desastre a una canción que, mejor tratada, hubiera sido una de las destacadas del álbum. “Hooks in you” es una composición al alimón entre Adrian Smith y Bruce Dickinson, y se nota. El riff es Smith en estado puro, y quizá estemos ante el tema más roquero y comercial de toda la obra. Sólo tiene un pero: la desidia de Gers a la hora de hacer el solo de guitarra, uno de los más anodinos que me he echado a la cara en toda mi vida. Llegamos así hasta “Bring your daughter... to the slaughter”, una canción que Bruce había compuesto inicialmente para la banda sonora de “Pesadilla en Elm Street V”, pero que finalmente acabó en el disco por petición de Harris. Este corte es, como “Public Enema Nº1”, bastante innovador en relación a la tradición compositiva de Maiden. Dada la temática que desarrolla, la instrumentación crea un ambiente de tensión e incertidumbre, conteniendo un poderoso estribillo y uno de los mejores solos de guitarra que Gers haya compuesto en toda su carrera, que no han sido muchos por desgracia para Maiden. Y finaliza el álbum con “Mother Russia” que, al igual que “The Assassin”, podría no haber nunca visto la luz y el mundo hubiera seguido rodando sin más; riff al estilo tradicional ruso que nos lleva a una estructura instrumental calcada sin demasiado esmero por variarla de “Seventh son of a seventh son”, y una letra que pretende ser una reflexión sobre la deriva desde el imperio de los zares hasta la Perestroika, pero no pasa de una serie de versos vacíos sin rigor histórico ni social.

Analizando el disco en sí mismo hay varias cosas que resultan evidentes; la primera, que Martin Birch hizo todo lo que pudo, pero el resultado en ningún caso colma las expectativas de una producción adecuada, algo que Bruce Dickinson reconocería públicamente años después. La casa de campo en Essex de Harris puede que facilitase un ambiente distendido y agradable, pero no ayudó a conseguir la acústica más apropiada para el disco de una de las mayores bandas de metal por entonces; tampoco el Rolling Stone Mobile era el equipamiento técnico necesario para afrontar la grabación del disco. La segunda, que en modo alguno “No prayer for the dying” supuso una vuelta a las raíces, ni tampoco podía colocarse al lado de “Piece of mind”, como pretendía Steve Harris. Es cierto que después de dos discos innovadores y complejos como “Somewhere in time” y “Seventh son of a seventh son”, el nuevo álbum era más simple y directo; pero no se acercaba ni de lejos a sus primeras obras, y por descontado tampoco a álbunes como “The Number of the Beast” o “Powerslave”; sólo “Tailgunner” o “Fates warning” guardaban esa esencia, mas el disco en su conjunto es muy distinto de sus primeros 7 álbunes. La tercera, la marcha de Smith es notoria y significativa. Aunque todos los temas estaban compuestos antes de la salida del guitarrista (de hecho Adrian participó en la composición y los ensayos), la ausencia de Smith se evidencia sobremanera en la falta de ideas a la hora de arreglar las canciones, de insuflarles chispa, fluidez y frescura. Por otro lado, comenzó a quedar claro que Janick Gers no iba a llenar el hueco dejado por Smith, no sólo porque el estilo era enormemente distinto (suciedad, licks de repetición como estrategia casi única, y anarquía contra mesura, sentimiento y elegancia), sino porque, como sería visible en discos posteriores, la capacidad de Janick para aportar a los arreglos era mínima.

Durante años, cada vez que he hablado sobre “No prayer for the dying” con más gente les he dicho siempre lo mismo: nos encontramos ante un paquete de buenas canciones (si nos olvidamos de “The Assassin” y “Mother Russia”) que con una buena producción y unos arreglos certeros hubieran conformado un álbum mucho mejor que lo que finalmente ofrecieron al público. Hubiera sido igualmente rupturista con “Seventh son of a seventh son”, destilaría más calidad, funcionaría mejor en directo, y sin duda tendría mucha mejor consideración de la que tiene. Si observamos el disco dentro del continuo de la carrera de Maiden, el paso atrás es innegable. Vaya por delante que la banda pretendía dar un golpe de timón y acercarse a una música más sencilla y menos progresiva, algo menos intrincado que los últimos dos discos; son conocidas las declaraciones de Bruce, Steve y Nicko McBrain en ese sentido. Pero el resultado no fue bueno. Es cierto que los temas son más directos y menos complicados instrumentalmente; no obstante, la deficiente producción y la falta de ideas, frescura y acierto en la concepción final de casi todos los cortes dieron al traste con lo que pudo haber sido un disco talentoso que se acercara al hard rock desde la esencia Maiden. Recuerdo que tras varias escuchas de “No prayer for the dying” me vino a la mente “Live in London”, la grabación en directo de un concierto de The Entire Population of Hackney en 1985, banda que conformaron McBrain, Smith, Dave Colwell, Andy Barnett y Martin Connoly tras el descanso de “World Slavery Tour”; aquélla sí hubiera sido la dirección apropiada a seguir, con temas hard rock aderezados pura esencia Maiden. Incluso un tema como “Son of a gun”, del primer álbum en solitario de Bruce, hubiera sido un rumbo deseable.

La gira de promoción del álbum, bautizada como “No prayer on the road”, comenzó el 19 de septiembre de 1990 en Milton Keynes (Reino Unido), y terminó el 21 de septiembre en Toulon (Francia), pasando por Europa, Canadá, EEUU y Japón. El setlist llegó a incluir hasta 7 temas del nuevo disco: “Tailgunner”, “Holy Smoke”, “No prayer for the dying”, “Public Enema Nº1”, “The Assassin”, “Hooks in you” y “Bring your daughter … to the slaughter”; tal era la fe que la banda tenía en su nueva obra, y tales eran las ganas de dar carpetazo a su etapa anterior. El escenario también era bien diferente; tras puestas en escena tan impresionantes como las plasmadas en “World Slavery Tour”, “Somewhere on Tour” y “Seventh Tour of a Seventh Tour”, la Doncella regresaba a las tablas con un decorado tan simple como torres de Marshalls, telones de fondo (ya nunca desaparecerían del stage) y un efectivo juego de luces. El atuendo de los músicos también varió: con la excepción de Harris y McBrain, los demás abandonaron las mallas para ceñirse vaqueros ajustados. Pero el verdadero atractivo de la gira era otro: ver al nuevo miembro de la banda, a Janick Gers, el sustituto de Adrian Smith. Janick no era un guitarrista elegante y sobrio como Smith, y ya había adelantado que no iba a tocar las partes grabadas por Adrian de la misma forma. Ciertamente el desempeño de Gers a nivel instrumental varió poco de lo demostrado en el disco, exhibiendo su estilo hardrockero y sucio, lo cual se dejó notar en demasía cuando atacaba los solos que anteriormente tocaba Smith, si bien en algunas ocasiones intentó no variar demasiado los mismos. Pero supo compensar esa carencia con una energía sobre el escenario inusitada, que además contagió a Dave Murray. Durante los primeros años de carretera de Maiden, eran Harris y Murray quienes se mostraban más dinámicos en los shows. Cuando Bruce se convirtió en miembro de la banda, Harris y él fueron los catalizadores del escenario, quedándose Dave en un papel comedido y pareciéndose cada vez más a Smith, que siempre lo daba todo desde un rol más pasivo. Gers le devolvió la energía a Davey, y los conciertos de Maiden se convirtieron de repente en una locura, con 4 músicos enloquecidos correteando de aquí para allá mientras desgranaban cada tema del setlist. De esta forma se compensaban dos cosas: la falta de una escenografía pomposa no se echaba de menos, ya que tenías a cuatro de los cinco integrantes moviéndose de aquí para allá en todo momento, captando toda la atención del público. Y por otro lado, las carencias técnicas de Gers se pasaban por alto gracias a sus cabriolas y gestos de guitar hero. De hecho, aunque en mi opinión buena parte de los nuevos temas sonaban flojos en vivo en comparación con los clásicos, los medios en general trataron positivamente esta gira, significando precisamente el ímpetu que había traído consigo Janick Gers y cómo se había ganado al público en unos pocos shows.

Como regalo de Navidad, la banda publicó un segundo single, “Bring your daughter… to the slaugther”, el 24 de diciembre de 1990. Al igual que el primer sencillo, se editó en formato vinilo (7” y 12”), así como en CD. Las dos caras B escogidas para escoltar la canción fueron “I’m a mover”, cover de Free, y “Communication breakdown”, versión de Led Zeppelin. Este sencillo es el único que tiene el honor de haber conseguido el nº1 en los UK Singles Chart.

Iron Maiden habían iniciado un declive de ventas desde “Somewhere in time”, y “No prayer for the dying” no arregló el desaguisado, aunque, todo hay que decirlo, los resultados comerciales pudieron haber sido peores y no lo fueron, obteniendo un meritorio nº2 en las listas británicas. “No prayer on the road” también fue una gira muy aceptable en cuanto a número de fechas y afluencia de público. De cara a lo que Steve y el resto de músicos buscaron, podría decirse que de alguna forma consiguieron su objetivo. Pero con el transcurrir de los años se evidencia que el álbum no soporta el paso del tiempo. Sólo “Tailgunner” y “Bring your daugther… to the slaughter” sobrevivieron para el siguiente tour; sólo la segunda volvería a ser tocada, y aún hoy podría encajar en un setlist.

Redacción:
Lesmes Manuel Rivas Iglesias para MaidenSpainFC
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EL MAYA QUE NOS DEVORÓ EL CORAZÓN

Pocas giras de Maiden habrán suscitado tanta expectación en España como la que acabamos de presenciar hace unas semanas. Y es que las circunstancias previas que envolvían todo el entramado Maiden pesaban, y mucho. Cada nuevo disco de la Doncella es esperado con una mezcla de curiosidad y fruición... últimamente también algunos lo esperan con ganas de despedazarlo... y sabíamos que a finales de 2014 la banda había estado componiendo y grabando en los estudios Guillaume Tell en París, donde se había gestado “Brave New World”, el primer disco que se cristalizó tras el flamante y ansiado regreso de Bruce Dickinson y Adrian Smith a la banda. Las especulaciones y las quinielas inundaron entonces la red, ofreciendo infinidad de teorías sobre la fecha del lanzamiento del nuevo álbum, así como de cuáles serían las primeras fechas sobre el escenario; incluso de cómo sería el escenario.

Pero en febrero de 2015 un terrible jarro de agua fría nos heló hasta lo más profundo de nuestro ser: Bruce Dickinson, el incombustible, inquieto, polifacético y casi hiperactivo cantante de Maiden, tenía cáncer de lengua. Es cierto que el cáncer, en nuestros días, tiene un impacto menor que hace 10 ó 20 años, pero sigue siendo una enfermedad mortal, y genera el temor debido cuando se diagnostica. El nuevo disco se retrasó sin especificarse una fecha exacta, esperando la recuperación de Bruce, primero para superar su enfermedad, prioridad absoluta, y luego para prepararse físicamente de cara a afrontar la gira de promoción del álbum.


Ambas condiciones se cumplieron, para regocijo de los compañeros, del entorno de la banda, y de las legiones de fans en todo el mundo. Y la maquinaria Maiden volvió a ponerse en marcha. De una forma un tanto extraña, que nunca sabremos si fue consciente o no, “The Book of Souls” apareció por primera vez en nuestras vidas a través de Amazon, web de venta online que nos ofrecía el nuevo álbum a partir del 4 de septiembre, en formato doble CD y triple vinilo, con una duración nada menos que de una hora y media. Que si era fake, que ni lo era... la duda la resolvió la propia banda unas pocas horas después a través de la web oficial. La espera fue interminable para poder escuchar y adquirir el álbum, porque aquel ínfimo adelanto inicialmente anónimo de “Speed of light” no colmaba nuestras ansias.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center (Foto: Eduard Tuset)

“The Book of Souls” es un disco impecable. Quizá en el momento de su lanzamiento no fue apreciado como lo es hoy, y es muy probable que la perspectiva del tiempo le dé todavía más entidad a este álbum dentro de un par de décadas. En opinión del que suscribe, “The Book of Souls” es lo mejor que han compuesto y grabado desde “Seventh son...”, que ya es decir. Y me consta que la opinión es compartida por mucha gente. Y es que hay temas absolutamente geniales que te transportan directamente a los años 80 del siglo pasado, repasando también los 90, lo contemporáneo, y dando ese justo paso adelante que implica que Iron Maiden siempre progresa en su carrera musical. La gira, además, ha consolidado un poco esta idea, porque prácticamente todos los temas nuevos escogidos para formar el setlist son hoy auténticos clásicos.


Y con todos estos condimentos, Iron Maiden cocinaron, a un nivel muy alto, una gira que está rompiendo moldes. Y es que estamos hablando de una banda que nació en 1975, que practica un estilo musical durante años denostado, y aunque hoy totalmente integrado en la sociedad, sigue siendo menospreciado con cierta elegancia, como hemos podido leer en alguna que otra crónica de los diferentes conciertos en suelo español, sobre todo algún texto sobre el concierto de Madrid. Nada nuevo bajo el sol. Iron Maiden siempre han estado en el ojo del huracán, y que la prensa no les apoye, les ningunee, o incluso les menosprecie, no es nada que no hayan vivido antes. Total... el aforo del Barclaycard en Madrid fue vendido en unas horas... y son muchos los aforos que colgaron el “sold out”, y los que quedan, por el mundo adelante. Por no hablar del éxito cosechado en festivales como el Resurrection Fest o el Rock Fest, así como en La Cartuja de Sevilla.


Las primeras fechas de esta gira se anunciaron para USA, dándose el 24 de febrero el pistoletazo de salida en Florida. Las fechas españolas se hicieron de rogar, y mucho, porque si bien se rumoreaba que Maiden serían cabeza de cartel para el Rock Fest en Barcelona, y que era bastante evidente que si tocaban en Barcelona lo harían también en Madrid, las dudas no se despejaron hasta marzo, y con sorpresas. La primera, que Maiden tocarían por primera vez en un festival eminentemente independiente y con carteles tradicionalmente orientados hacia el punk y el metal más extremo: el Resurrection Fest, en Viveiro. La segunda, que la banda haría su fecha de Madrid en un pabellón cerrado, el Barclaycard Center, antiguo Palacio de los Deportes. Y la tercera, así como sin querer, que Maiden tocarían en el sur, en Sevilla, cuando ya muchos sevillanos y otros andaluces habían comprado entrada para las otras tres fechas, sobre todo Madrid.


El reloj pasó lento o rápido según las circunstancias de cada quién. En mi caso, hubo momentos de una languidez exagerada, y otros en los que ni cuenta me daba de la cercanía de mi encuentro con la Doncella. De repente todo se precipitó. Llegó el 9 de julio y la banda desplegó todo su potencial en Viveiro, pequeña localidad de la Mariña lucense. El cartel del Resurrection quitaba el hipo: Volbeat, Offspring, Bad Religion, Gojira, Bullet for my Valentine... El setlist de Maiden era conocido, y ya había suscitado innumerables golpeteos de teclado en las redes... pero lo cierto es que hay varias reglas fundamentales que rigen en los setlists de Iron Maiden: la primera, que no se puede contentar a todo el mundo por igual. La segunda, que clásicos como “The Trooper”, “Fear of the dark” o “The Number of the Beast” nunca se caerán porque son temas que mucha gente quiere escuchar, máxime  cuando se trata de la primera vez que ves a la banda en vivo. Y la tercera, que los músicos ya tienen una edad, y eso influye notablemente en cómo se toca una canción, sobre todo en lo concerniente a la voz, por lo que algunos temas exigentes se han ido quedando de lado o se tocan esporádicamente. Había dudas sobre el setlist, si bien las diferentes crónicas de los shows que se iban produciendo desde febrero resaltaban lo imponentes que estaban siendo las performances. Había sorpresas como el regreso de “Children of the damned” y “Powerslave”, y alguna duda con “Tears of a clown”, e incluso con “The Red and the Black”. Pero desde las primeras notas de la intro de “If eternity should fail” las dudas comenzaron a despejarse rápidamente.

Viveiro, Resurrection Festival
Viveiro, Resurrection Festival

El día en que Maiden hacían su debut en el Resurrection Fest, Bullet for my Valentine hicieron un gran show, al igual que Abbath y Graveyard; pero Maiden salieron por la puerta grande. De hecho, se habla de que esta edición del Resurrection fue la mejor hasta la fecha, y en parte mucha culpa fue de Iron Maiden, que desde el momento en que se supo de su participación polarizó prácticamente toda la atención del festival, con una entrada en el día de su actuación de 22,000 personas. Quienes asistieron a Viveiro para disfrutar de la Doncella disfrutaron y se convencieron de un setlist equilibrado, donde brillaron los clásicos y quizá lucieron menos los temas más noveles y largos. Pero en cualquier caso, y pese a las muchas críticas que generó que la Doncella encabezase el Resurrection, a todos y todas las presentes, fuesen o no fans de Maiden, les quedó perfectamente claro por qué la banda de Harris tenía el estatus que tenía en el festival, y la sensación general es la de que este festival había dado un paso de gigante; la edición de 2016  es un antes y un después para el Resurrection Fest, y que Maiden hubiera encabezado el cartel, dando además un auténtico recital de heavy metal, quizá haya sido la circunstancia que más ha contribuido a ello. Un hecho destacable fue que el propio Bruce agradeció a la organización la oportunidad de poder tocar en un entorno como Viveiro, resaltando además que “el Resurrection Fest es un festival hecho por gente para la gente”. Mención especial para la organización y promotores arriba mencionados, por ofrecer un festival de calidad, y por tratar de que el público asistente se sintiese lo más cómodo posible; cosa difícil en éstos días de festivales con gran afluencia de gente. Por otro lado, el buen sonido que en general hubo durante todo el festival, sobretodo en el Main Stage, es algo digno de resaltar. Y es que Maiden gozó de un sonido sólido y nítido, de lo mejor de las fechas en España, al menos en los alrededores de la torre de iluminación y control de sonido, con una buena mezcla de los instrumentos. Es cierto que a Bruce se le escuchaba en ciertas ocasiones como escondido por detrás, sobretodo en “The trooper”, tema que parece le cuesta cada vez más cantar con soltura. Me dio la sensación de que estaba un poco afónico, algo que ocurre cuando constantemente tienes que estar de un sitio a otro y experimentas diferente cambios de clima. Pero Dickinson tiene uno y mil recursos para salir airoso de cualquier situación, algo que se vio en los otros temas del set list, donde brillaron con luz propia “Speed of light”, “Children of the damned”, “The book of souls”, “Hallowed be thy name”... y es que la experiencia y el oficio se notan. Hay que reconocer que ser cantante de heavy metal, y a unas edades, es una empresa difícil por los cientos y cientos de conciertos que tienes a las espaldas, muchos sin descanso, y las tesituras vocales en que te mueves. Si hay algo que caracteriza a “The book of souls” es que es un álbum con unos temas de gran exigencia vocal, y eso se vio en los directos. Afrontar vocalmente temas como ”Death or glory”, “The red and the black” o la misma “The book of souls”, es tarea de titanes. Y en ésta gira se ha comprobado que Bruce es un titán, porque cuando no llega suelto tira de piernas, brazos… se encarama al macizo de piedra cual escalador y acomete la cima con la ambición de un deportista. El único competidor y reto que tiene Bruce Dickinson es él mismo.


Un recuerdo especial: la magia que se desprendió al sonar la intro de “Doctor, doctor”, seguido del vídeo en las pantallas y la introducción vocal de Bruce en “If eternity should fail”, todo en un entorno maravilloso y natural como Viveiro, con la tarde cayendo en el horizonte y los últimos rayos de sol posándose sobre los hombros. Este tema suena increíblemente bien: es potente, melódico, y tiene esa épica de los temas apertura que sólo Maiden es capaz de reproducir. Hacia el final, cuando fueron cayendo clásico tras clásico, la gente estaba entregada. Es difícil no sentir emociones cuando escuchas aquellos himnos intemporales, que se llegan a convertir en parte de tu biografía, como si fueran tu propia banda sonora.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center

De Viveiro la banda se marchó a Lisboa, para regresar apenas dos días después a Madrid, donde habría de obsequiarnos con otro gran show el día 13 de julio. El ambiente en Madrid en el día previo ya anticipaba el evento, pudiéndose ver camisetas de la banda con cierta frecuencia por las calles, e incluso alguna que otra pegatina advirtiendo que Eddie iba a tomar la ciudad. De hecho, por la noche madrileña circuló cierto grupo de fans de la banda que deleitó con alguna canción a capella terracera y le alegró la noche a unos cuantos hosteleros.


Ya el día del concierto, la cafetería Madariz, el lugar elegido por Maiden Spain FC para que se reuniesen todos los fans de la banda que lo deseasen, comenzó a llenarse de gente hacia el mediodía, mientras que docenas de sufridos y sufridas jóvenes hacían cola ante las puertas del Barclaycard Center bajo un sol de justicia para intentar acceder a las mejores posiciones en pista. Se percibía en el ambiente muchas ganas de ver a la banda, ganas que eran compartidas por miles de personas de todas las edades, incluso de los más pequeños que iban acompañados por sus padres. He de resaltar que el acceso al Barclaycard fue tranquilo y ordenado, a lo cual contribuyó no sólo la serenidad de quienes hacíamos cola para entrar, sino también una buena organización por parte de la promotora.

The Raven Age, la banda donde milita como guitarrista George Harris, hijo del fundador de Maiden, precalentó, o no, a las gentes que ya estábamos dentro del pabellón poco antes de las 20:00; creo que ni un tercio de entrada. El sonido estuvo casi en todo momento embarullado, saturado, si bien hay que reconocer que los músicos le pusieron ganas, aunque en ocasiones les sobraban poses. No sé qué opinión causarían en la mayoría de la gente, pero para mí estos Raven Age pasaron sin pena ni gloria, y ya a mitad de su actuación estaba deseando que comenzara a sonar “Doctor, doctor”.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center

Finalizaron su actuación The Raven Age, y esperamos algo más de media hora para poder escuchar el hit de UFO, cuyas primeras notas avivó a un aforo ya casi completo (15.000 personas apuntaría Dickinson durante el show, si bien con posterioridad se habló de 16.000) y comenzó a hacer brotar la adrenalina tanto en pista como en gradas. Tras “Doctor, doctor” comenzó la proyección en las pantallas que ya casi todos conocíamos, y el despegue virtual del Ed Force One se encadenó con las primeras notas de “If Eternity should fail”, y con Dickinson cantando desde la plataforma tras el kit de batería de McBrain, enfundado en su sudadera negra y teatralizando como es habitual en él durante estos últimos años. Y todo echó a rodar. El sonido no fue bueno en las primeras dos o tres canciones, e incluso metieron un gazapo al terminar “If Eternity...”, pero no importó. La banda, como es habitual, salió a comerse a la audiencia, y por enésima vez lo consiguió. Porque el espectáculo, pese a un juego de luces más que destacable, pese a un atrezzo muy acertado, y pese a la pirotecnia, son ellos; y sólo ellos. Otras bandas de rock centran su espectáculo en la parte visual para desgranar un setlist de clásicos donde apenas dejan espacio para dos o tres temas nuevos. En el caso de la Doncella, el atrezzo es importante, desde luego, como el juego de luces, pero no serviría de nada sin la tremenda presencia que cada músico de la banda tiene sobre el escenario. Porque uno no va a un show de Maiden para ver los telones, ni la pirotecnia, ni si me descuido a Eddie… Va a ver los espasmos de Dickinson, cómo canta encima de los amplificadores, a gritar otra vez cuando el cantante nos pide que lo hagamos con el famoso “scream for me…”, a que Harris te mire a los ojos haciéndote sentir especial y dejarte ametrallar por su bajo, a regocijarte con la elegancia y el arte de Smith, a divertirte con el dinamismo de Gers, a emocionarte con el estilo de Dave y su sonrisa, y a intentar ver a McBrain detrás de una batería de 9 tambores. Ver a Maiden encima de un escenario es una de las cosas más especiales que alguien a quien le guste el heavy metal puede experimentar en la vida.

Porque Maiden son muy grandes, y lo que siguen haciendo 41 años después de que Steve Harris decidiera darle forma primitiva a esta banda está al alcance de muy pocos. La magia que desprenden en directo es algo inexplicable, y sean cuales sean las veces que les hayas visto, vuelves a caer en su hechizo como si fuese la primera vez. “Children of the damned” fue uno de los puntos álgidos del concierto, con un sonido más límpido, y un Dickinson ya desatado a la voz. Los demás temas fueron cayendo sin compasión y subiendo progresivamente el ánimo de los congregados; “The Red and the Black” sonó muy potente en directo… incluido un fuera de tono de Harris en su solo de bajo al final de tema, “Tears of the clown” sorprendió muy gratamente, “Powerslave” fue simplemente excepcional, “The Book of Souls” elegante y maravillosa, “Death or glory” hizo las delicias de todos con los gestos simiescos y un Bruce bromeando tanto con los fans como con Dave Murray, “Hallowed be thy name” atronó... Sorprendió el solo de “The Trooper”, tocado en exclusiva por Gers cuando lo habitual desde la vuelta de Smith es que ambos lo hagan en diferentes tonos… y para mi disfrute… ¡lo tocó casi igual que lo haría Adrian! Ya luego volvería a las andadas…

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center

Para cuando nos dimos cuenta estaban tocando los primeros compases de “Iron Maiden”... todo había pasado tan rápido... Y de repente descargaban “The Number of the Beast”, “Blood brothers” y “Wasted years”, que por muchas quejas sobre la pertinencia de cerrar el show es evidente que es un broche de lujo, y que no es una casualidad la elección de la banda para cerrar cada concierto si uno es sensible al mensaje del estribillo. Y punto final. Todos nos quedamos con ganas de más, a pesar de la certeza de que en nada sonaría “Always look on the bright side of life”, como así fue.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center

La sensación postconcierto fue extraña para mí. Con todo en caliente no procesaba bien lo vivido, si bien era consciente de que había asistido a uno de los mejores shows de la banda en muchos años. Y es que esta gira está siendo muy especial, y prácticamente en todos los lugares en los que tocan dejan las mismas sensaciones. Con el transcurrir de los días, estoy convencido de que “The Book of Souls Tour” es posiblemente la gira que más ha impactado en los últimos 28 años, quizá con el permiso de “Ed Hunter Tour”, que nos traía de vuelta a Bruce y Adrian con un setlist de infarto. Los clásicos elegidos enloquecen a la audiencia, casi todos los temas nuevos se han convertido ya en clásicos, sobre todo “The Book of Souls”, “If Eternity should fail” y “Death or glory”, tema que ya no entendemos sin los gestos que acompañan a la frase “climb like a monkey”.

Mención especial para Dickinson: no es de este mundo. A nivel vocal creo que está igual o incluso un poco mejor que hace 15 años, y como frontman está totalmente en su salsa; corre, anima, bromea, teatraliza... irreal para una persona de 58 años con la dilatada carrera de Bruce como cantante, con un nivel de exigencia vocal significativo, y que recién acaba de superar un cáncer.


Y la rueda siguió, y al día siguiente la Doncella se presentó en La Cartuja de Sevilla, con un sol de justicia, para volver a ofrecer otra noche de lujo.
Sevilla tiene un color especial, o eso dicen… más bien diría que tiene un “calor” especial, tanto por su temperatura como por la intensidad de los sevillanos y andaluces varios que se dieron cita en el Estadio Olímpico. Después de disfrutar de las delicias de la ciudad del Guadalquivir junto con un amigo de Álava (tú sabes quién eres J), y bajo un calor “humeante”, me dirigí hacia el recinto. Era la primera vez que veía a Maiden en Sevilla, y debo decir que la experiencia fue más que grata. Lo que se vivió allí fue un concierto que en cuanto a respuesta de la gente fue de menos a más, y digo menos por citar una categoría, porque desde el principio la audiencia estuvo encendida. Sobre todo en la parte cercana al escenario, que es donde me encontraba yo a menos de un metro, con la gente “apretando”, volviéndose más y más intensa y con una temperatura que bien podría haber estado a 40°… o más. Hubo un momento en que me dio la sensación de estar viviendo un concierto en Sudamérica.

Sevilla, Estadio La Cartuja
Sevilla, Estadio La Cartuja

Nuevamente, The Raven Age fueron los encargados de abrir. Sin pena ni gloria pasaron sus 40 minutos sobre el escenario. Los integrantes salieron con buena disposición, pero no fue suficiente para calentar un concierto que solo tenía un nombre. Iron Maiden salió a las 22:00 PM, una hora tardía y diferente a lo que están acostumbrados en la gira, debido al calor de Sevilla. Como siempre, salieron en su línea de dar y volcarse con todo lo que pueden y más. De hecho, creo que estuvieron un poco más activos que en Madrid, y eso se puede deber a que hubo una buena interacción banda/público. Todo estaba en su sitio y parece que no pasan los años para Maiden: Harris cantando cada una de las letras de los temas sin dejar de mirar a las primeras filas, como instigando a que nos unamos a la batalla, y sin dejar de disparar una y otra vez con su rifle/bajo. Dave Murray improvisando en sus solos, con gran sentido de la melodía y de lo que toca. Adrian Smith elegante como siempre, dando la nota precisa y viniéndose arriba cuando se acercaba hacia el borde del escenario o buscaba a Gers en donde era su posición natural antes de abandonar la banda en 1989. Janick más “travieso”, si cabe, que en otras giras y dándole ese toque desenfadado al show… aunque siga destrozando el solo de “Hallowed be thy name”. Nicko McBrain sólido, marcando las pautas del concierto, aunque se nota que cuida y administra más sus golpes y su forma de tocar. Y es que no olvidemos una cosa, que una gran parte esencial de lo que caracteriza al sonido Maiden está en la base rítmica de Harris/McBrain, que desde 1983 hace que el sonido de la banda sea único e intransferible. Bruce Dickinson creo que cantó mejor que en Madrid, o al menos se le vio más suelto en temas exigentes como “The trooper”, “The book of souls” y “Hallowed be thy name” por poner unos ejemplos. “The red and the black” sonó con una mayor intención y vibra, y obtuvo una gran respuesta por parte del público. El sonido en general estuvo bien, tirando en muchos momentos a bastante bien, aunque según algunos sonaba demasiado alto. Creo que las características del lugar, con el show encerrado en uno de los fondos del estadio y haciendo una especie de anfiteatro al aire libre, le daba una especial arquitectura sonora. Pero claro, como sucede en la mayoría de conciertos, hay zonas que se escuchan mejor que otras; sino se carece de calidad sonora en los laterales, ocurre en los fondos o en la parte delantera de pista…

Barcelona, Rock Fest
Barcelona, Rock Fest
Como es habitual, los últimos temas encendieron aún más a las alrededor de 15,000 personas que se dieron cita. Un aluvión de temas bandera dejaron constancia de lo que significa Maiden, y también de lo tanto que se les extrañaba por esas tierras. Y es que pasa algo singular con Maiden, sobre todo en esta gira, y es que los temas nuevos no pierden ni desentonan  al lado de los clásicos de toda la vida. Ellos se muestran, ponen sus cartas sobre la mesa y te sirven en boca seis nuevos temas de los once que componen el nuevo álbum. Lo tomas o lo dejas. Y por más que patalee la gente que no entiende como trabaja y se maneja la banda y que solo saben de temas single, ellos seguirán haciendo lo que les plazca. ¿Por qué? Porque son una banda vigente, que no vive del cuento ni vende humo, que creen en lo que hacen y no escogen el camino fácil, como algunos de sus coetáneos, para vender más entradas. Creo que ya se lo dije a alguien en más de una ocasión, Iron Maiden son en sí mismo un género musical, y no se pueden comparar según que grupos, por más clásicos que sean estos, con la profundidad conceptual, lírica, musical y el misticismo que rodea a Maiden. Ellos llevan funcionando igual desde que pegaron el boom mundial allá por 1982: tocan de cinco a seis temas de sus nuevos álbumes; incluso hasta en algunas ocasiones han llegado a tocar hasta siete. O como la excepción celebérrima de tocar “A matter of life and death” entero en 2006. Y si no hubiesen seguido esa línea sincera, ni hubiesen sido en primer lugar leales consigo mismos, actualmente no serían lo que son. Y la prueba está en que desde hace varios álbumes, cada uno de ellos ha dejado clásicos para la posteridad. Desde que volvieron Bruce y Adrian a la banda, cada disco, antes o después, ha dejado un puñado de temas que a día de hoy se pueden considerar clásicos de Maiden. Y con “The book of souls” pasará lo mismo, y es más, está pasando ya. Y no es de extrañar que en unos años “The book of souls” sea aún más comprendido y considerado como uno de los mejores álbumes que han sacado en los últimos tiempos. No es nada nuevo, ya le pasó a “Somewhere in time” en 1986, que fue criticado por mucha parte de la prensa y poco comprendido por parte de sus fans. A día de hoy… ¿quién podría osar a criticar un álbum que es referente musical y que marcó un antes y después en la carrera de Maiden?...

Volviendo a la carretera, Maiden continuó su periplo peninsular hacia tierras catalanas, tocando el sábado 16 de julio en el festival Rock Fest de Barcelona. Un festival que reunía a grandes nombres del circuito heavy internacional: King Diamond, Whitesnake, Twisted Sister, Slayer, Anthrax, Michael Schenker… Todas las condiciones se daban para disfrutar de un concierto de Maiden en un ambiente netamente heavy, y poner el baremo de su actuación junto al de otros grupos de renombre. Pero nada, es imposible toserle a la cara a Iron Maiden, y eso que hubieron buenos directos como los de Anthrax, Amon Amarth, Loudness… Pero es difícil hacer frente a una banda de tal vigencia actual, que encima se planta en el escenario con una vigorosidad exultante, y que puede llegar a empañar tanto a grupos contemporáneos suyos como a bandas con veinte años menos. Muchos sabían ese día a qué habían venido, y aun habiendo grandes grupos, la expectación, y ansiedad en muchos, que crea una actuación de Maiden es incomparable. Y es que es tal la tensión que generan sus directos, entre temas nuevos y antiguos, que todo lo demás queda debilitado. Eso sí, debo decir que la actuación del Sr. Kim Bendix Petersen, más conocido como King Diamond, quien también fue otro de los platos fuertes del festival, fue inmensa. Su puesta en escena, lo bien que sonó la banda y su gran estado vocal, hicieron que su actuación fuese casi de 10. Junto a Iron Maiden fueron, a mi parecer, de lo mejor del festival.

Viveiro, Resurrection Festival
Viveiro, Resurrection Festival
Como viene siendo habitual en los shows de Maiden, empezaron aún de día. Algo que es una lástima porque se pierde los efectos del show escénico y de luces. Una cosa a resaltar es lo bien que funcionan los tres primeros temas del show: “If eternity shoulf fail”, “Speed of light” y “Children of the damned”. Introducción épica y explosiva, tema directo y efectivo con riff pegadizo, y medio tiempo clásico, limpio y rico en matices. Tres temas iniciales que se ha comprobado funcionan muy bien y que enganchan y mantienen la tensión para los siguientes cortes.

Los que estamos acostumbrados a asistir a más de un concierto de Maiden en la misma gira sabemos que los shows son prácticamente calcados. Que si Bruce coloca la Union Jack alrededor del cuello de Janick en “The trooper”, que sí pega en los platillos de Nicko con la cuerda que lleva alrededor para teatralizar “Hallowed be thy name”, que si se mete con Adrian en “Wasted years” quitándole el pie de micro sin dejarle cantar en lo estribillos o si los discursos entre canción y canción son los mismos. Pero hay algo inherente en sus shows, que hace que se desprenda esa magia cuando los ves encima del escenario una y otra vez. Es algo incomparable cuando Dickinson proyecta su voz, pié sobre monitor, hasta la última persona que está al fondo, metiéndose en el papel y hablando con las manos mediante un lenguaje corporal que es su marca artística. O las poses con estilo de Adrian, manteniéndose detrás en un segundo plano, para luego acercarse hacia adelante y argumentar algún solo o acompañar a Murray y a Gers. O ver a Murray siempre con una sonrisa en la cara, tocando su guitarra casi como si la acariciara y de vez en cuando haciendo su posición de “guitar hero” apoyando la rodilla derecha en el suelo y estirando la otra pierna. A Harris apuntándote con su bajo o ver que te mira fijamente a los ojos mientras canta algún trozo pequeño contigo. Sus carreras sorpresivas, cada vez menos eso sí, por el escenario. Esa forma de seguir el ritmo moviendo el codo derecho, agitando su melena y mirando hacia el público con determinación y con la seguridad de tenerlo todo controlado… como si supiera de antemano lo que necesita el público en cada momento. O Janick, haciendo mil y una posturas, sus bailes, apoyando la pierna en lo alto de una caja acústica. Corriendo de forma desbocada hacia el otro extremo del escenario para “picar” y alentar a sus otros dos colegas de guitarra cuando los ve algo parados; o pasar por entre las piernas de Eddie cuando éste sale a pasear por el escenario. Nicko, escondido detrás de ese castillo de tambores, platillos y atriles de batería, marcando las pautas y el ritmo cardiaco del show. Levantándose de vez en cuando entre tema y tema como diciendo ¡eh, yo también estoy aquí! O escuchar a lo lejos su característico “aiii” con la voz (algo que hace al principio de la versión en estudio de “Different world”). Todo estos detalles, pequeños o grandes, y muchos más, hacen de un concierto de Maiden algo único y especial. Cuando todos estos factores se unen, poses, ademanes, estilos y posturas, se convierten en un cuadro. Cuando estás allí viéndoles te das cuenta que siguen siendo ellos, igual desde que les viste en el vídeo “Live after death”, convirtiéndose ese preciso segundo en la foto intemporal que siempre tenías en la mente desde que les viste por primera vez.

Sevilla, Estadio La Cartuja
Sevilla, Estadio La Cartuja
El show de Iron Maiden continuaba en el Parc Cam Zam de Santa Coloma de Gramanet. “Tears of a clown”, tema del nuevo disco, marca un tiempo de respiro a Dickinson para así poder afrontar “The red and the black”. Como ya he dicho líneas arriba, es un tema exigente en las voces, con mucha letra y una métrica en las estrofas que deja hueco justo a Bruce para poder coger aire. No es un tema fácil por su duración, y aunque tenga muchos matices, cambios de ritmo y coros pegadizos, no ha tenido la misma reacción en todos los conciertos. Aun así, la reacción general fue buena, tirando a bastante buena en algunos casos para ser una canción nueva. Como crítica personal, hay algo que he notado en éste tema y es que Harris toca muy rápido los solos de bajo que están al principio y al final de la canción, tal vez debido a la misma adrenalina que se desprende en un show. Creo que si no corriera tanto, se podrían apreciar mejor las notas que hace.

“The trooper”, tema categórico en la discografía de Maiden, hace que el Rock Fest ardiese. El majestuoso y faraónico “Powerslave” es el siguiente; qué os voy a contar, sólo el título lo dice todo. Bruce lució una máscara de lucha libre mexicana, algo que viene haciendo precisamente desde que la banda tocara por tierras aztecas. Personalmente, creo que como detalle para algunas fechas está bien, pero se echó de menos su máscara de plumas. “Death or glory” y “The book of souls” son los dos pedazo de temas siguientes. El primero, con ese aire y sabor a sus grandes temas de los 80: heavy, directo y al grano, y con Bruce haciendo de las suyas, como viene siendo habitual durante casi toda la gira, con su baile del mono. Y el segundo, épico hasta la vena. Creo que para mí es sin lugar a dudas el tema de la gira. Tiene intensidad, dramatismo, desarrollo, profundidad, buenos solos de guitarra, huele a 80… incluso diría que tiene un regustillo a ese sonido arábigo de Rainbow… Y esa parte central cuando Nicko rompe el medio tiempo hacia un ritmo trepidante, que te lleva directamente a la década de los 80. Piel de gallina.

Viveiro, Resurrection Festival
Viveiro, Resurrection Festival
Lo que sigue a continuación es una retahíla de temas himno y sin descanso. “Hallowed be thy name, que se le echaba de menos en la anterior gira “Maiden England”. La omnipresente “Fear of the dark”. El momento cumbre con “Iron Maiden” y el imponente Eddie Maya apareciendo como es costumbre por detrás del escenario… Para los bises, el infaltable “The number of the beast” con ese macho cabrío, cada vez más grande. La céltica y armoniosa “Blood brothers”, que debo decir funciona muy bien en esa parte del set y ha sido de mis favoritas. Para finalizar “Wasted years”, un tema que a priori a la gente le pareció extraña para cerrar, pero que realmente funcionó como tema de despedida; además, la letra de la canción le confiere un aura especial para ser el último del set list.

En conclusión, Iron Maiden y su “The Book of Souls World Tour 2016” han sido un éxito a su paso por España. Hace mucho que no teníamos a Maiden en fechas tan variopintas, tanto en festivales como en conciertos en donde solo tocan ellos; al aire libre como en recinto. También ha sido la primera vez que la banda saca una event shirt para España, camiseta que no estuvo exenta de cierta polémica desatada en las redes sociales. Y es que hay que mantener cierta objetividad. Al margen de sensibilidades sobre la imagen del toro o incluso la bandera, hay que tomar en cuenta que Iron Maiden, o mejor dicho, su management están al margen de las connotaciones sociales de cada país. Llevan sacando event shirts durante toda la gira, con las banderas de cada sitio que pisan, y no solo es de ahora… sucede desde hace muchos años. Es ilógico pensar que, una vez sacada una camiseta aquí, pongan la de Kenia por ejemplo. La bandera es la que es, y cuando sea verde, azul o color fosforito, pues sacarán una camiseta con ese color. Por otro lado, creo que en España hay muchas otras cosas representativas de la cultura que no un toro, que es algo típico y tópico ¿Qué más universal, cultural y de aquí que Don Quijote por ejemplo? Lamentablemente el mundo y las sociedades están llenos de tópicos que limitan al ser humano. Además, en el Holding de Maiden no se comen mucho la cabeza a la hora de representar a un país en una camiseta: que si vikingos en las giras escandinavas, que si un Eddie con sombrero charro para la gira en México, Eddie en Las Vegas, un Eddie jugador de rugby en Nueva Zelanda, Eddie encima de un reno en Canadá, montado en un toro de rodeo en Texas, Eddie encima de un oso con cadenas en California, o cazando un jabalí. Y en nuestro caso Eddie, espada en mano, montado encima de un toro amenazante.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center
Hace pocos días, Iron Maiden dieron por concluida su gira en un último y espectacular concierto en el Wacken Festival. Show que fue transmitido en streaming para todo el Mundo, donde dejaron claro que el próximo año harán gira; aunque de momento sólo han mencionado fechas para Reino Unido y Alemania.

Y así, hemos vivido no otra gira más, sino una de los mejores giras que han hecho en años. Iron Maiden están en el punto de ebullición más grande en su edad de madurez, y se nota que se lo pasan muy bien encima del escenario; además, ya no tienen que demostrar nada a nadie. Y aunque a priori en ésta gira “The Book of Souls 2016” han dejado un gran sabor de boca en cuanto a actitud y estado físico, teniendo en cuenta los años que ya tienen, hay que saber que el tiempo es inexorable. Creo que es ahora que van a pensar y meditar sus pasos  detenidamente. Porque ya no sólo depende de si quieras hacer un nuevo disco o una nueva gira, en Iron Maiden hacer eso significa estar en un estado óptimo del 100% para hacerlo. No es una banda que vaya a estar a medio gas, o que saque un disco y tímidamente toquen dos o tres temas en directo y lo demás éxitos, no. Iron Maiden defiende sus temas en el escenario, es una banda de directo que no concibe quedarse a medias tintas y para eso tienen que estar física y mentalmente en una gran condición.

Madrid, Barclaycard Center
Madrid, Barclaycard Center

No queremos acabar sin agradecer y saludar a todos los amigos y fans que hemos ido encontrando a través de este periplo de conciertos y en el camino. A los amigos del staff de Maiden Spain: Anastasio Guerrero, Tomeu Pons, Alberto Quirantes (Akirant), Jose Antonio Talaván, Marc Viade, Fernando Leal (Lord of the flights), Iñaki Majano. A Óscar Escarpa Ramos y la gente de La Alcarria en Guadalajara, Jesús Rodríguez, Carlos Domínguez, David Sánchez, Daniel Juárez Hernández, Javier Acereda, José Manual Durán (Josele), Francisco Prieto, Óscar Molina, José Antonio Corregidor, Montse García, Álex Serna, Eduard Tuset (¡gracias por esas fotos!), Ricardo Bonet, Ramiro, Gerard Baró, Óscar García Soto, Pepe Mayol Cuenca, Ginés López Couceiro y Aída Mauriz, Rogelio Vega, José Juan Pardo Durá y la gente de Valencia, Dante Lagos Toledo, David Cortada, Miguel Cádiz, Paco Maiden y Carlos Maiden de Málaga, José Benavente (Pepe Maiden) y la gente de Córdoba, Miguel Ángel Ventura, Santi Herrera, Laura Eurolaura, Yolanda Darkmaiden, Pedro Cornejo Ramírez, Andrea Díaz Martínez… Seguramente la memoria falla y nos olvidemos de algunos, para ellos también nuestro agradecimiento. Y para todos aquellos que nos vimos y hablamos fugazmente.

Nos vemos el próximo año. See you on tour!!!


Viveiro, Resurrection Festival

 


 

 

Madrid, Barclaycard Center

 



 

 

 

Barcelona, Rock Fest 

 









*Agradecimientos especiales para Eduard Tuset, José Benavente (Pepe Maiden) y Ginés López Couceiro por las fotos concedidas.


Artículo realizado por Lesmes Manuel Rivas Iglesias (Adrian S.) y Mariano López (Holysmoke78)
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